Dr. Israel Gómez Juárez

Con base en su experiencia, ¿Cuáles son los retos más importantes para la industria azucarera en México?

El principal reto es lograr ser una industria sustentable, tanto en la producción de caña como en la industrialización de la misma.

Esto implica mejorar los procesos en las áreas de campo y fábrica para minimizar el impacto en el ambiente.

En el campo, un problema es la erosión de los suelos, se debe hacer uso racional de los fertilizantes para evitar contaminar los mantos acuíferos e incluso el aire con gases de efecto invernadero que muchas veces se dan por el uso principalmente de nitrógeno, elemento que realmente debe ser usado muy cuidadosamente; sin embargo, en la agricultura en general se utiliza en su mayoría de forma indiscriminada, generando problemas de contaminación al suelo y aire.

El uso de pesticidas químicos, afecta al medio ambiente y la biodiversidad. Se deben utilizar sistemas de manejo integrado de plagas; principalmente, en el caso de la caña de azúcar ya que tiene enemigos naturales. Se debe hacer un manejo integral con conocimiento y tecnología de capacitación, evitando el uso excesivo de agroquímicos.

Otro reto que siempre ha sido discusión, y que en algunos países tiene mejor avance, es la quema de la caña antes de la cosecha. Lo ideal, es que se coseche todo sin quema previa, como se dice: en verde, como era hace 60 años. Sumado a esto, debemos evitar también la quema de los residuos de cosecha e incorporarlos para no perder materia orgánica y así cuidar la vida de los suelos.

El consumo de los combustibles para las labores agrícolas, es un tema que normalmente no se toca, los tractores utilizan energías fósiles, diésel principalmente, contribuyendo al cambio climático, que tarde o temprano nos termina afectado.

En el caso de las fábricas, los sistemas de proceso y equipos implicados deben mejorarse, así como el manejo de las mismas. La eficiencia en fábrica debe perfeccionarse, para lograr un mejor uso de la materia prima, evitar la contaminación del agua y hacer un uso eficiente de la misma para optimizarla.

La emisión de partículas a la atmósfera es otro factor que la industria debe cuidar y buscar aminorar para lograr ser una industria limpia y con cero afectaciones al medio ambiente.

Un reto enorme, es la parte social en toda la cadena productiva. Los ingenios son polos de desarrollo, generan trabajo y mueven la economía, sin embargo, una parte no ha estado muy atendida y se requiere una mejor distribución de los recursos generados por este agrosector, específicamente hablando de los trabajadores agrícolas. Sus condiciones no son las correctas, van en contra de lo que hoy se conoce como “Trabajo Digno”. La seguridad social, seguridad en el trabajo, la remuneración justa como muchos otros factores marcan una evidente desigualdad entre los trabajadores agrícolas y el resto de la cadena productiva. Cierto es, que gran parte del sector obrero tiene un contrato colectivo de trabajo que les asegura condiciones y prestaciones, pero los de trabajadores agrícolas no cuentan con ello.

Los trabajadores agrícolas son un grupo importante que interviene en todo el proceso de producción de azúcar. Si hablamos de que en México la caña de azúcar o la industria azucarera da beneficio a 2 millones de personas, pues estamos hablando también de que aproximadamente unas 500 mil personas indirectamente dependen de la parte agrícola; tan sólo alrededor de 80 mil cortadores de caña durante cada zafra tienen empleos directos con condiciones laborales no adecuadas e incluso varios de ellos son trabajadores migrantes de otros estados o países durante la cosecha ya que la fuerza laboral en las regiones cañeras no es suficiente. Este, es uno de los mayores retos para la industria que debe apelar por una mayor igualdad para toda la cadena productiva de la caña de azúcar.

Otro de los retos importantes, es incrementar la productividad para ser más competitivos y rentables tanto en fábrica como en campo, tenemos que mejorar la producción de azúcar por hectárea en campo. Otros países con mayor producción de azúcar por hectárea como Colombia y Guatemala, han crecido considerablemente. México lo ha hecho, pero a un ritmo más lento que los estándares internacionales. Claro que no debemos dejar de reconocer que hay ingenios en el país que tienen niveles de productividad iguales a los promedios de los países más elevados.

El aspecto de diversificación en el uso de la caña tiene un potencial enorme, es algo que se ha comentado desde hace muchos años, sin embargo, no se ha podido concretar.

Por último, un desafío de gran relevancia, es convencer al gobierno federal, en especial al Sector Salud y a los representantes del pueblo, diputados locales y federales, de que el consumo de azúcar de caña no es el responsable de la mayoría de los problemas de salud que hay en México. Hoy se toma como pretexto, al consumo de bebidas azucaradas, culpándolo de que los mexicanos padezcamos sobrepeso y obesidad, condiciones que se ligan a una mayor susceptibilidad para contraer COVID-19. Es vital hacer una campaña que de manera tangible persuada al público de su sano consumo y que hable claramente sobre el alta fructosa y su diferencia con el azúcar de caña. El azúcar se consume en México desde hace más de 500 años y si bien da un aporte calórico no es precisamente la causa de estos males, sino la forma de vida actual de cada persona.

¿Qué estrategias deben implementar industriales, técnicos y productores para hacer más rentable y sustentable la industria azucarera?

La primera estrategia es sin duda la unión del sector, alguien debe tratar de integrarnos a todos. Como siempre lo menciona el Ing. Manuel Enríquez Poy: “los ingenios y los productores de caña somos un matrimonio indisoluble”.

Siempre vamos de la mano, sector obrero y cañero, ingenios y productores, industriales, etc. Todos vinculados, podremos alcanzar objetivos comunes y contribuir a los retos que enfrenta la industria.

Segunda estrategia: establecer programas permanentes de capacitación. La capacitación es fundamental en campo y fábrica para poder ser más productivos.

Como ATAM tratamos de buscar y generar fuentes de información y de conocimiento para todos los técnicos de la industria. Se requiere de un programa institucional por parte de los ingenios y formar un equipo fuerte con CONADESUCA, para cumplir todos con la función escrita en la Ley de Desarrollo Sustentable de la Caña de Azúcar, por sus siglas LDSCA, dentro de ellas está una iniciativa vital que es la creación del Centro de Investigación Científica y Tecnología de la Caña de Azúcar: CITCAÑA, el cual es el organismo que debiera dar continuidad para poder sumar esfuerzos, generar tecnología y capacitación tanto para el campo como para la fábrica. Cabe mencionar que esto tiene 15 años que se promulgó y es buen momento de arrancarlo en beneficio de todos.

La Cámara Nacional de las Industrias Azucarera y Alcoholera: CNIAA, ha mantenido la estación de hibridación de Tapachula – Talismán, Chiapas. Ahí se ubica también el Centro de Investigación y Desarrollo de la Caña de Azúcar: CIDCA, el cual genera investigación agrupando a productores de caña y a la CNIAA. En su momento en el sexenio pasado, este contó con el apoyo del gobierno federal, actualmente desconozco si tenga asignado algún recurso.

No podemos esperar a que al gobierno le interese apoyar la investigación; tenemos que pensar en crecer, ser sustentables y activos, para ello tanto los productores como los industriales deben invertir para que esto funcione, y si el gobierno interviene que sea simplemente como rector.

Definitivamente, la diversificación necesita también de estrategia como lo he comentado anteriormente, para así poder producir energía eléctrica, alcohol y toda la gama de productos que nos ofrece la sucroquímica. Definitivamente, tenemos que aprovechar las tecnologías actuales para ser más eficientes y competitivos. La tecnología para hacerlo existe, sin embargo, falta el recurso humano capacitado para poder gestionar estas plantas o anexos de los ingenios aprovechando así al máximo la caña de azúcar.

De la mano de todo esto, se debe fortalecer la campaña de comunicación para alertar a los consumidores sobre los verdaderos efectos del consumo de azúcar de caña sobre la salud humana, de nada sirve ser más productivos y bajar costos, si al final de cuentas los consumidores no quieren azúcar de caña porque creen que les hace daño. Incluso, se debe apoyar más aún a los equipos de investigadores y científicos que analizan el impacto que el azúcar de caña puede tener en la salud en comparación con los otros edulcorantes, haciendo un comparativo entre ellos, y hablar realmente de quien es el que produce una afectación en el organismo, porque de otra manera si no tenemos un equipo de científicos que avalen al azúcar de caña y sus efectos reales, no tendremos elementos para poder contrarrestar las absurdas prohibiciones que se están dando en algunos congresos locales, como sucede en Oaxaca y Tabasco.

¿De qué forma instituciones como ATAM contribuyen a la competitividad de la agroindustria azucarera?

promueve y genera el intercambio de conocimiento, considero que eso tiene un peso importante en la contribución hacia la competitividad. Lo realiza a través de foros, seminarios, talleres y también tendiendo puentes entre las instituciones que generan conocimiento y tecnología como SENASICA y CIMMYT, técnicos azucareros, asociaciones extranjeras hermanas, instituciones educativas como COLPOS, Universidad Veracruzana, entre otras.

Debemos seguir insistiendo en que el recurso humano es lo más importante. Se requiere contar con talento capacitado, de otra manera no generamos ni la productividad ni la competitividad que nuestra industria requiere.

Desde su experiencia como miembro de ATAM, ¿Cuáles son las perspectivas para la industria de los endulzantes y edulcorantes ante la demanda de bebidas y alimentos más saludables?

En la medida que tengamos la capacidad de demostrar que el azúcar de caña es un producto natural, extraída con procesos principalmente físicos que no generan reacciones químicas, podremos eliminar esos mitos; como bien decía un azucarero: “lo único que hacemos es ir eliminando impurezas y obteniendo la sacarosa que es lo que endulza”. La mayoría de las veces la idea que tiene el consumidor es porque alguien lo ha mal informado, orillándolo a endulzar sus alimentos con sustitutos y no con azúcar de caña.

En otros países están volviendo a preferir la sacarosa para endulzar; hay productos cuyas etiquetas mencionan que son endulzados con caña de azúcar. Uno de los problemas que ocasionó esta desinformación, fue que el azúcar se vendía prácticamente sólo, sin publicidad. Los industriales y productores han descuidado esta parte, que debe retomarse y fortalecerse para comercializar y colocar de manera correcta el azúcar de caña en el mercado.

Es necesario incorporar a un especialista que promueva correctamente nuestro producto, no queda de otra, las marcas con grandes ventas hacen campañas fuertes con resultados tangibles, un ejemplo claro y simple es que la industria no ha sido capaz de llevar los sobres de azúcar a todos los restaurantes y cada región de este país.

Tenemos que hacer lo mismo que hace la competencia, pero con un marketing honesto, directo y fuerte.

El azúcar de caña es natural y saludable.

Desde su perspectiva, ¿Cómo se ha desarrollado el crecimiento de ATAM a través de los años?

ATAM tiene casi 75 años desde su origen, es una de las asociaciones con más años en Latinoamérica, en primer lugar, con 93 años desde su fundación esta la Asociación de Técnicos Azucareros de Cuba, por sus siglas ATAC.

ATAM a pesar de las recurrentes crisis de la agroindustria azucarera, se ha mantenido como la única institución que promueve la capacitación y socialización de las tecnologías azucareras en México, teniendo un crecimiento y posicionamiento como una de las asociaciones de técnicos azucareros más importantes a nivel Latinoamérica y en el Caribe. Muestra de esto es que en los últimos 13 años se han realizado congresos como: XXX Congreso ISSCT (International Society of Sugar Cane Technologists) en 2010, workshops internacionales, encuentros binacionales en equipo con ATAC en Cuba y recientemente en el año 2016, el 10º Congreso de la Asociación de Técnicos de Latinoamérica y el Caribe, ATALAC.

Ante la situación del COVID-19, ¿Cuáles son los desafíos que enfrenta la agroindustria azucarera?

Es un tema preocupante. La próxima zafra que iniciará en unas semanas, va a tener que desarrollarse bajo esta alerta sanitaria, los contagios desafortunadamente van a seguir hasta no tener los tratamientos que puedan curar la enfermedad.

Se debe lograr que los colaboradores de la industria no sean afectados por ella y extremar las medidas de prevención, ser muy estrictos en todas las áreas. Es preocupante porque si los trabajadores agrícolas fallan, vamos a tener falta de materia prima en el día a día, a su vez habrá tiempo perdido lo cual conlleva a no llegar a cumplir con la meta de producción para este año.

Es importante que los directivos de los ingenios que tienen la autoridad para hacerlo, así como los representantes de los obreros de los sindicatos y de los productores de caña, se tomen muy en serio este problema y que cada uno en su ámbito de competencia exija que se cumplan las medidas sanitarias, independientemente de que es una situación que no es fácil de controlar y de que las autoridades de salud no hayan tomado las medidas adecuadas para disminuir el impacto. La responsabilidad también es de nosotros y el sentido común es se suma importancia, confío se haga uso de la capacidad de raciocinio.

¿Cuál es su sentimiento al dejar ATAM?

Aunque hace dos años termine mi colaboración como presidente de la asociación, siento que no he dejado ATAM, mi sentimiento es de gratitud hacia los socios, quienes me dieron el honor de representarlos durante un período incluso mayor al estipulado. Por una circunstancia especial tuve el honor de ser presidente por un periodo de 5 años y fue un gran agradecimiento por haber servido a la agroindustria de la he sido parte casi toda mi vida, he estado ligado a ella durante más de 40 años. Quizá me voy del todo satisfecho, porque algunos proyectos no se concretaron durante mi gestión, sin embargo, he tratado de hacer lo más que se podía dentro de mis posibilidades y las de la propia asociación.

ATAM me dio la posibilidad de entender su importancia para el sector, es un modelo que desde su formación tiene como fin principal la superación y capacitación de todos los técnicos de campo, fábrica y administración, incluyendo a los del sector cañero, obreros, e incluso a los de proveedores, académicos e investigadores. Año con año se han realizado las convenciones donde se observa una cohesión de todos los representantes de esta noble agroindustria, con el fin de intercambiar experiencias, conocimiento y reafirmar que somos miembros de una gran industria.