Katia A. Figueroa-Rodríguez, Colegio de Postgraduados Campus Córdoba.
Programa de Posgrado en Innovación Agroalimentaria Sustentable

RESUMEN

«Este artículo examina los roles que han tenido las mujeres en la industria cañera en México, es un primer acercamiento a su quehacer como cañeras, cortadoras, acompañantes en los albergues, en el área de campo así como en la fábrica. Aunque históricamente las mujeres se confinaban a las actividades del hogar, en tiempos recientes es posible verlas al frente de sus unidades de producción, como líderes de frentes de corte o como gerentes de los ingenios. Pese a estos avances, aún resulta importante realizar más estudios que permitan entender mejor a las mujeres y su realidad, a fin de diseñar programas de capacitación con enfoque de género. Esta contribución busca que el sector cañero voltee a ver a las mujeres como socias y aliadas, mismas que actualmente constituyen el movimiento de feminización del campo a nivel global.

INTRODUCCIÓN

Las mujeres representan aproximadamente la mitad de la población mundial, en el caso de México, en 2020 habían 95 hombres por cada 100 mujeres (INEGI, 2022). En cuanto al sector agropecuario, en los países de los continentes de África y Asia, las mujeres constituyen entre el 43 al 50% de los trabajadores agropecuarios y, en particular en África, el 70% de los pequeños productores son mujeres (FAO, 2016). Desafortunadamente, las mujeres en el sector agrícola en los países en vías de desarrollo reciben pagos más bajos que los varones, tienen empleos temporales y no se benefician de los sistemas de seguridad social (Valdez & Sobrevilla, 2021). Las disparidades entre las percepciones económicas de los hombres versus las de las mujeres, así como de ciertos derechos como lo es la tenencia de la tierra que favorece más a los hombres sobre las mujeres, hacen que se hable de una falta de equidad de género en el sector agroalimentario. A la falta de equidad, debe adicionársele la vulnerabilidad hacia la pobreza que sufren las mujeres, quienes tienen mayores riesgos debido a la falta de acceso a recursos económicos, educación, servicios de apoyo y acceso a los procesos de toma de decisiones en las comunidades rurales (FAO, 2022).

En lo que se refiere a la participación de las mujeres en el mercado laboral, esta sigue siendo desigual con respecto a los hombres. En todo el mundo, las mujeres ganan menos que los hombres, además del fenómeno de la doble jornada, es decir, las horas que dedican a las labores domésticas, así como el tiempo que consagran a la prestación de cuidados a hijos e hijas, padres y familiares enfermos, y que ellas consideran como parte de las actividades propias de su género, dedicando menos tiempo al ocio que los hombres (FAO, 2022; OCDE, 2014).  No solo las mujeres obtienen menos trabajos que los hombres, sino que también se ve limitado su acceso a puestos de alta responsabilidad, como son las gerencias. Esto pese a que se ha documentado que las mujeres en puestos de dicha índole tienen un desempeño más alto que sus contrapartes hombres.

Es sabido que cuando el número de mujeres que participa en los empleos se incrementa, las economías crecen (OCDE, 2012), además de que las mujeres siguen patrones de gasto diferentes a los hombres, enfocándose en las hijas, los hijos y los hogares (El Banco Mundial, 2012). Las mujeres y su participación en la agricultura significan una oportunidad para mejorar el funcionamiento de todo el sector cañero, es por ello que existen muchas iniciativas mundiales que buscan empoderarlas (USAID, 2012). En este artículo, hablaremos sobre las mujeres en el sector cañero como un primer acercamiento para visibilizar su quehacer y contribución al mismo.

LAS MUJERES CAÑERAS

Las mujeres en el sector cañero primario, siguen dominadas por los sistemas patriarcales, teniendo poco acceso y control sobre los recursos y sus beneficios  (Bikketi, Ifejika Speranza, Bieri, Haller, & Wiesmann, 2016). Esto se traduce en que las mujeres no son las poseedoras de la tierra (FAO, 2022), por el contrario, se han perpetuado los esquemas donde los hombres prefieren heredarles las parcelas a sus hijos varones, ya que consideran que la mujer va a depender de su marido y no necesitará las tierras, por lo que se pone un énfasis en enseñarle a las mujeres las labores propias del hogar. Esta práctica, de no ser las poseedoras de la tierra, las deja vulnerables a las decisiones de los hombres, reduciendo su independencia económica, su poder de decisión, y por ende la productividad de las regiones. Aunado a esto, también existen mujeres que prefieren realizar las labores del hogar y no hacerse cargo de su parcela, delegando las actividades en los peones o trabajadores que contrata (Córdova Plaza, 2003), esto se explica por la manera en que fueron criadas dentro de esquemas patriarcales con roles de género establecidos desde la niñez (Oswald Spring, 2013), donde las mujeres no van al campo, sino que se quedan en la cocina (de Arce, 2015).

Es una práctica común en el sector cañero en México que la parcela está registrada a nombre de las mujeres. Desafortunadamente, en muchos casos esto sólo es para que ellas puedan cotizar una pensión ante el seguro social, y no porque realmente sean ellas quienes tomen las decisiones sobre lo que debe o no hacerse en su cañal. Lo que genera que existen muchas mujeres que delegan en sus padres, parejas o hermanos lo que se hace en la parcela, involucrándose muy poco en las actividades de campo. Esto hace que no cuenten con conocimientos productivos (Siyao, 2012), lo que las limita para la correcta toma de decisiones.

Otro aspecto que debe considerarse son los riesgos de trabajo que sufren las mujeres cañeras, entre estos destacan aquellos ligados a su salud, como es el exponerse de manera inadecuada al uso de agroquímicos (Rodríguez-López, Mejía-Saucedo, Calderón-Hernández, Labrada-Martagón, & Yáñez-Estrada, 2020), ellas nombran a esta actividad como “ir a echar líquido”. Pese a que en ocasiones las mujeres pueden sufrir de irritaciones, comezón, ronchas y manchas en la piel, generalmente  las mujeres internalizan los riesgos como parte de una actitud de abnegación  (Camarena Ojinaga, von Glascoe, Martínez Valdés, & Arellano García, 2013). Es decir, que se percibe como un fenómeno natural ante el cual no pueden hacer mucho. Es por ello por lo que resulta importante lograr capacitar mejor a las mujeres en el uso adecuado de agroquímicos, para evitar precisamente afectar su salud.

Por otra parte, no podemos negar que algunas mujeres cañeras sufran o hayan sufrido de violencia doméstica. Dentro de los antiguos programas de gobierno en las áreas rurales, se les daba capacitación a las mujeres sobre temas de empoderamiento, equidad de género, discriminación y violencia doméstica. Gracias a estos programas, en la actualidad las mujeres cañeras reconocen esos términos y algunas incluso han entendido que su cañal es la puerta a una mejor vida, una libre de violencia. Es por ello, que cuando les es posible, ellas se ocupan y están al frente de su cañal, ya que no quieren vivir bajo el “yugo” de un hombre que las maltrate (Díaz Sánchez, 2020), en este sentido, el cañal se vuelve su medio de independencia económica. Siguiendo patrones de comportamiento productivo similares a los de hombres, algo que se ha documentado previamente en otros estudios (Lambrecht, Schuster, Asare Samwini, & Pelleriaux, 2018).

Las mujeres al frente de los cañales, no solo en México, tienden a ocuparse de todas las actividades en la parcela desde el establecimiento del cultivo, su mantenimiento y cosecha (Zaidi & Munir, 2014). En los casos en los que las mujeres logran ser poseedoras de la tierra, se ha establecido que los ingresos que obtienen los destinan al gasto del hogar, contrario a los hombres que tienen más libertad para utilizar esos recursos con otros fines (Bikketi et al., 2016).

En lo que se refiere a la participación de las mujeres en las organizaciones cañeras, estas se limitan a afiliarse a una organización debido a que es normal que todos los productores pertenezcan a alguna, sin que se hayan documentado casos de mujeres que lideren o hayan liderado alguna organización cañera en México a nivel nacional. Esto no es exclusivo de México, siendo común la falta de mujeres al frente de organizaciones cañeras a nivel mundial (Rocca, 2016).

Donde sí se han encontrado mujeres es como representantes del frente de corte, que es un puesto de elección comunitaria. Estos son grupos organizados de productores que cortan de manera colectiva sus cosechas y que contratan cortadores para apoyarlos. Los roles que juegan los y las representantes es, además de contratar a los cortadores, pagarles, movilizarlos, capacitarlos, supervisar los avances de la cosecha, negociar con el ingenio y servir de puente entre el técnico y los productores, entre otras actividades. Encontrar a una mujer en este puesto, en una comunidad dominada por productores hombres, se explica debido a las características de líder nato de esa productora, así como la reputación positiva que guarda dentro de la comunidad. Para realizar su labor, ella se apoya en su hijo, quien la apoya en supervisar el corte que se lleva a cabo en la madrugada además de acompañarla y transportarla a las diversas actividades propias de su puesto. 

LAS MUJERES CORTADORAS Y ACOMPAÑANTES DE LOS CORTADORES

En los últimos años, es más frecuente encontrar mujeres que participen en el corte de caña de azúcar. Generalmente son mujeres migrantes que bajan de la montaña al valle a cortar o en otros casos incluso migran desde otros países. Estas mujeres, están expuestas a posturas corporales que su trabajo requiere, pocas horas de descanso y falta de instalaciones sanitarias. En general, estas mujeres aceptan estos empleos por que saben que es difícil conseguir otros oficios que sean temporales y que además no requieran escolaridad. Para estas mujeres, tener un empleo en un ambiente de precariedad laboral, como es el caso de México, es algo que valoran. Puesto que en otras latitudes, las mujeres no son contratadas por no estar a la par, en términos de productividad, con la que un hombre joven genera como cortador y aquellas que si llegan a contratarse realizan dos o tres jornadas de trabajos mal pagados lo que perpetua esquemas de pobreza, marginación y enfermedad en mujeres (Guanais, 2014).

Existen mujeres que viven en los albergues de cortadores, teniendo como principal actividad, la de preparar los alimentos, tanto para sus parejas como para sus hijos y ellas mismas. Ofreciendo el servicio de alimentos a otros cortadores que no llevan familia o requieren el servicio. Estas mujeres además de esta actividad, se dedican a limpiar los espacios comunes, los baños, cuidar a los hijos e hijas, llevarlos a la escuela o servicio médico, entre otras cosas. Ahí a las niñas desde los ocho años se les enseña a lavar su ropa y apoyar en todas las actividades que realizan sus madres. Estas mujeres construyen en los albergues espacios sociales, con jerarquías establecidas, roles y conflictos propios de la naturaleza humana (Barranco Vázquez, 2018).

Emplearse como cortadoras y ser productoras cañeras son ambos ejemplos de la tendencia global de la feminización de la agricultura (Kawarazuka, Doss, Farnworth, & Pyburn, 2022), en muchos casos esto ha sucedido debido a que las mujeres son abandonadas por sus parejas que migran a la ciudad o a otro país, por la posibilidad de divorciarse o por quedar viudas, más que por elección propia. Esta realidad genera también otros problemas en las comunidades ya que, al quedarse solas, también están expuestas a ser acosadas (Kim, Vásquez, Torres, Nicola, & Karr, 2016), es por ello que el análisis de la realidad de las mujeres no se puede ceñir única y exclusivamente al género sino que deben considerarse una combinación de características que en conjunto crean la realidad para cada mujer (Leder & Sachs, 2019), dando pie a la diversidad cuando hablamos de las mujeres cañeras.

LAS MUJERES EN EL ÁREA TÉCNICA DE CAMPO

La presencia de las mujeres en la industria cañera en diversos países se ha concentrado en la parte de fábrica, teniendo una muy baja participación en campo, lo que limita las oportunidades para las mujeres en el sector (Nassif, 2021). En el caso del sector cañero mexicano, existen algunas honrosas excepciones de mujeres que son técnicas de campo, teniéndose incluso alguna mujer que ha sido jefa de campo. Aunque la realidad es que faltan mujeres agrónomas dando capacitación con enfoque de género a las mujeres. Las mujeres que apoyan el área de campo, generalmente hacen trabajo secretarial, y en algunos casos manejan software especializado o hacen seguimiento a actividades relacionadas con la dispersión y recuperación de créditos.

Es importante estresar la relevancia de contar con mujeres dando capacitación técnica agronómica a otras mujeres, ya que en las estructuras sociales rurales está mal visto que las mujeres platiquen con los hombres, otros que no sean su marido, su padre o sus hermanos (Díaz Sánchez, 2020). Esto las deja expuestas a no recibir capacitación o información por parte de los técnicos o de sus pares.

LAS MUJERES EN LA INDUSTRIA

Las fábricas o ingenios azucareros son espacios donde las mujeres se encuentran presentes. Desarrollan tareas tanto en laboratorio, para determinar la calidad de la caña o los jugos, como en la parte administrativa del ingenio. Pese a la presencia de mujeres, el crecimiento profesional de estas en las organizaciones está limitado por diversos fenómenos como son: el “techo de cristal”, “el piso pegajoso”, “la pared de la maternidad” así como la propia falta de confianza de las mujeres en ellas mismas y sus capacidades (Napp & Breda, 2022; Ramos, Latorre, Tomás, & Ramos, 2022). El techo de cristal se concibió originalmente como una barrera que impide el avance de las carreras profesionales de las mujeres haciendo prácticamente imposible para ellas alcanzar los niveles más altos dentro de las organizaciones en que trabajan, mientras que los otros fenómenos se atribuyen a la esfera pública y personal que les impiden atreverse a ocupar puestos de mayor responsabilidad (Rincón & Domínguez, 2021). Dentro de esta realidad, existen únicamente dos mujeres que han logrado posiciones de alta responsabilidad en el sector cañero en México, es decir que han roto el techo de cristal. Una de ellas es la actual gerente del ingenio la Margarita, la Química María Teresa Ibarra Araujo, quien pasó del área de laboratorio al área administrativa. La otra mujer, que invariablemente también fue extraordinaria en términos de romper el techo de cristal, fue la C.P. Silvia C. Zarrabal Padilla (QEPD), quien logró tener puestos de alta responsabilidad en siete ingenios del país (Figura 1). Una mujer que se caracterizaba por su carácter fuerte y que era conocida como: “La dama de hierro”. Un claro ejemplo de mujeres que tienen que buscar un estilo rígido para estar al frente de organizaciones muy masculinas (Adams & Funk, 2012). Ellas son las dos mujeres que han logrado liderar ingenios y demostrar que las mujeres pueden tener puestos de alta responsabilidad, ellas nos dan luz y esperanza de que las mujeres pueden llegar. Y que hay empresarios, funcionarios y otros hombres que valoraran el papel y capacidades de las mujeres confiándoles un puesto estratégico en su organización o empresa.

Figura 1. Carrera profesional de la CP Silvia C. Zarrabal Padilla

CONCLUSIONES

En este documento hemos puesto de manifiesto la importancia que tienen las mujeres en el sector cañero, las vemos como cortadoras, como poseedoras de la tierra y jornaleras, están presentes en las fábricas y las oficinas administrativas. Contribuyen con su trabajo a que esta industria pueda funcionar, pasando a veces invisibilizadas al concebirse el sector como un mundo de hombres. Si bien es cierto, que las mujeres han conquistado muchos derechos en el campo y fábrica, aún queda mucho por hacer. Faltan estudios que permitan entender mejor a las mujeres y su realidad, ya que esto es estratégico para el diseño de programas de capacitación con enfoque de género.

AGRADECIMIENTOS

Mucho de las reflexiones que se plasman aquí surgieron de las voces de las mujeres cañeras que he tenido la oportunidad de entrevistar en campo. En particular agradezco a la gerencia y el personal de campo de los ingenios Compañía Industrial Azucarera, SA de CV y Central Progreso, SA de CV por su apertura y acompañamiento para llegar a estas mujeres. El trabajo de mi alumna Edna Liliana Díaz Sánchez que cito en el texto es fundamental para documentar la realidad que viven las mujeres cañeras, mi agradecimiento a ella por su esfuerzo. Estoy en deuda con la Psicóloga Alicia Moreno Zarrabal, por compartirme la historia de vida de su señora Madre, la CP Silvia C. Zarrabal QEPD. Finalmente, agradecer a la ATAM por su interés en que la industria azucarera sea cada día más incluyente.

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