Por: Fernando C. Gómez-Merino1, Libia I. Trejo-Téllez2, Noé Aguilar-Rivera3
1. Colegio de Postgraduados Campus Córdoba. Carretera Córdoba-Veracruz km 348, Manuel León, Amatlán de los Reyes, Veracruz, México. C. P. 94953.
2. Colegio de Postgraduados Campus Montecillo. Montecillo, Texcoco, Estado de México, México. C. P. 56230.
3. Universidad Veracruzana. Facultad de Ciencias Biológicas y Agropecuarias Campus Peñuela.
Carretera Peñuela Amatlán S/N, Peñuela, Amatlán de los Reyes, Veracruz. México. C. P. 94952.

RESUMEN

La caña de azúcar (Saccharum spp. híbridos) es un cultivo de gran importancia económica y social para México y para el mundo. En México, la cadena de valor en torno al cultivo e industrialización de la caña de azúcar se encuentra establecida en 15 entidades federativas y más de 260 municipios, y genera más de medio millón de empleos directos, y más de 2 millones de empleos de forma indirecta. Las nuevas tendencias en alimentación, producción de cultivos, generación de energía, valorización de residuos y manejo ambiental reclaman un replanteamiento del enfoque casi exclusivo de la producción de azúcar de caña. Tal replanteamiento involucra la selección de nuevas variedades para producción de panela, fibra, forraje, bioetanol, y otros productos de importancia en las industrias alimenticia, química, sucroquímica, energética y textil, entre otras. De hecho, gracias a los avances de la biotecnología y el desarrollo de biorefinerías, existe un gran potencial para utilizar a esta planta para la producción de biopolímeros y metabolitos funcionales. Por su parte, la agroindustria de la caña de azúcar también ofrece numerosas posibilidades para diversificar la producción de derivados de azúcares, alcoholes y fibra, entre otros. En este trabajo se revisan los adelantos tecnológicos que son ejemplo de la diversificación que se puede implementar en este sector en México, tanto a nivel campo como fábrica.

Palabras clave: Saccharum; agregación de valor; innovación; biotecnología; nuevos productos.

INTRODUCCIÓN

La caña de azúcar (Saccharum spp. híbridos) es un componente importante de la economía de más de 130 países y territorios alrededor de las zonas tropicales y subtropicales en el mundo. En México se cultivan más de 800 mil hectáreas de caña de azúcar en 267 municipios de 15 entidades federativas. En esta agroindustria se involucran un aproximado de 500 mil familias, más de 180 mil abastecedores de caña, 155 mil jornaleros, 70 mil cortadores, 32 mil transportistas, 35 mil trabajadores sindicalizados, 7,689 trabajadores de confianza y 11,822 jubilados. En términos generales, se estima que esta cadena de valor genera 500 mil empleos directos y 2.4 millones de empleos indirectos (SADER, 2020).

En la zafra 2020-2021 la producción nacional de azúcar fue de 5.8 millones de toneladas. La caña molida bruta alcanzó más de 52 millones de toneladas. Con relación a la zafra 2019/2020, 24 ingenios han molido más caña, 30 ingenios han producido más azúcar, y 37 ingenios tienen un mejor rendimiento de fábrica. Asimismo, se han cosechado e industrializado más de 795 mil hectáreas, con un rendimiento en campo de 66.1 t ha-1. Los cinco ingenios con mayor rendimiento en campo han sido Atencingo, Casasano “La Abeja” y Melchor Ocampo con más de 100 t ha-1, así como Pujiltic y Emiliano Zapata con cerca de 95 t ha-1, de un total de 49 ingenios en operación en esta zafra (CONADESUCA, 2021a). Con estos números, México se conserva como el sexto mayor productor de azúcar de caña en el mundo.

A pesar de que la superficie cosechada y la producción de azúcar se han mantenido constantes o incluso han aumentado (USDA, 2021), el consumo por persona de azúcar de caña (sacarosa) en México ha caído 36% en los últimos 25 años (CONADESUCA, 2021b).

Esta reducción en el consumo ha sido el resultado de agresivas campañas publicitarias en contra del consumo del azúcar de caña y el etiquetado obligatorio promovido por la Secretaría de Salud (White y Barquera, 2020). Estas campañas han ocasionado una consecuente sustitución de la sacarosa de caña por edulcorantes alternativos de menor contenido energético o mayor aplicación en la industria alimentaria, como es el caso del jarabe de maíz alto en fructosa (JMAF) (Barquera y Rivera, 2020; Aguilar-Rivera et al., 2012). Es importante destacar que en México, el porcentaje de adultos de 20 años y más con sobrepeso y obesidad fue de 75.2% (39.1% sobrepeso y 36.1% obesidad) en al año 2018, porcentaje que en 2012 era de 71.3% (https://ensanut.insp.mx/encuestas/ensanut2018/informes.php). Dada la alta vulnerabilidad de esta agroindustria que se ve afectada por diversos factores socioeconómicos y ambientales, es necesario disminuir costos de producción y aplicar desarrollos tecnológicos e innovaciones que generen mayor valor y rentabilidad, más allá de la búsqueda del incremento de rendimientos de biomasa y sacarosa (Gómez Merino et al., 2017; Aguilar-Rivera et al., 2021).

Para ello, es necesario y urgente impulsar la diversificación integral de esta cadena de valor hacia mercados más competitivos que su uso tradicional (enfocado casi exclusivamente a producción de sacarosa), y marginalmente de otros usos como alimento pecuario de supervivencia, piloncillo y productos del trapiche, compostas, etc., lo que permitirá tener un sector de la agroindustria de la caña de azúcar más sostenible y rentable (Meghana y Shastri, 2020). La eficiente articulación de los diferentes eslabones de la cadena de valor, así como la caracterización de cada uno de ellos será una condición sine qua non para lograr este objetivo. Con este enfoque y a través de la aplicación de nuevos adelantos tecnológicos desarrollados por investigadores en el contexto mexicano, la participación de empresarios visionarios y demás actores, se podrá aprovechar de manera integral tanto la planta, como los subproductos y el azúcar en diversas industrias como la química, la sucroquímica, la alimenticia, la farmacéutica y la de construcción, y producir así derivados novedosos que agreguen valor a las materias primas tradicionales. La diversificación puede incluir la producción de trozos de caña para siembra y consumo humano o pecuario en fresco; el azúcar crudo o mascabado en diversas presentaciones comerciales (polvo y cubos); las melazas, alcoholes y bioproductos (bioplásticos, enzimas, aminoácidos, etc.); el uso de residuos de cosecha (punta, paja y cogollo) para generar biogás, alimento pecuario, pellets y briquetas; las cenizas de calderas, los lodos (cachaza) y las aguas residuales para la producción de compostas, biofertilizantes y mejoradores del suelo; el bagazo y los residuos de cosecha para la producción de energía eléctrica y mecánica; y la celulosa para papel y otros derivados lignocelulósicos (Razia et al., 2020; Dotaniya et al., 2016), por citar algunos ejemplos. En lo siguiente se analizan las oportunidades y los desafíos de algunas propuestas de agregación de valor y de diversificación que se tienen como tendencia global y visionaria.

AGREGACIÓN DE VALOR Y DIVERSIFICACIÓN EN CAMPO Y FÁBRICA: OPORTUNIDADES Y RETOS

Gracias a su alta capacidad fotosintética y a su habilidad para almacenar sacarosa y otros azúcares (C5 y C6) en sus tallos, la caña de azúcar es considerada como uno de los cultivos más eficientes en convertir la energía lumínica y los insumos agrícolas en biomasa y alimento. En particular, la caña de azúcar es una fuente abundante de carbohidratos y otras moléculas que pueden ser usados como alimentos para consumo humano; como piensos para consumo animal; y como insumos para diversas industrias como la sucroquímica, etanolquímica y lignoquímica. Como alimentos se tienen la sacarosa, azúcares C5 y C6 diversos, los jarabes de trapiche, piloncillo y la panela granulada; la fibra contempla diversos materiales lignocelulósicos; los piensos para consumo animal incluyen las hojas, las puntas y algunos otros residuos de cosecha en sinergia (cereales, leguminosas, pastos, etc.); como fuentes combustibles se pueden utilizar también los residuos de cosecha y de fábrica (vinazas, lodos residuales); y los productos químicos incluyen alcoholes, aminoácidos, bioplásticos, etc. (Srivastava, 2020; Formann et al., 2020).

En el ámbito del uso de la azúcar de caña como fuente de alimento, especialmente en bebidas azucaradas, actualmente existe un rechazo generalizado de un amplio sector de la sociedad hacia su consumo por motivos de salud, especialmente porque se le ha atribuido la causalidad de problemas de obesidad y sobrepeso. Es bien sabido que la obesidad es un problema de salud pública complejo y multifactorial, que es afectado por alimentación deficiente, escasa actividad física, incremento en el consumo de calorías, padecimiento de enfermedades degenerativas, calidad de vida y las inversiones gubernamentales en el sector salud (Sigala y Stanhope, 2021).

En general, los consumidores desean el mismo sabor que da el azúcar de caña, pero con menos calorías. Esto podría lograrse a través de la producción de azúcares con bajo índice glucémico y mezclas de edulcorantes y azúcares. Existen oportunidades para identificar componentes o moléculas en el azúcar que podrían usarse para hacer aromatizantes, saborizantes y otros productos de la industria alimentaria. En términos de oportunidades de valor agregado, es posible combinar productos o subproductos del azúcar con productos de otras industrias en lugar de considerar únicamente el azúcar como un edulcorante.

Por otra parte, el consumo de caña de azúcar también puede tener efectos beneficiosos para la salud, debido a los componentes antioxidantes presentes en el material vegetal, como el jugo, la caña troceada y los azúcares no refinados (Azlan et al., 2020; Barrera et al., 2020).

Productos químicos útiles en otras industrias se pueden derivar a partir de la biomasa cañera, así como del azúcar cristal, jugo de caña, melaza y etanol hidratado y anhidro. La anterior tendencia al empleo de la caña de azúcar para la producción de biocombustibles de primera (1G) y segunda generación (2G), está evolucionando hacia la tercera y cuarta generación (Aguilar- Rivera et al., 2021). Además, se está trabajando en la síntesis de moléculas valiosas de importancia nutracéutica, cosmética, nutritiva y farmacológica (O’Brien y Campbell, 2019).

El alcohol para consumo humano es otra alternativa para la diversificación productiva de esta agroindustria que ha sido marginalmente exitosa. Para ello hay que evaluar y seleccionar variedades de caña de azúcar que se adapten mejor a procesos de fermentación, y potencialmente, para el perfil de sabor del producto final. En este rubro, el ron es una de las bebidas alcohólicas con más mercado, además de las bebidas espirituosas neutras, que se han sometido a múltiples etapas de destilación (Furiassi, 2018).

En cuanto al alcohol industrial, las reglas generales para la producción de etanol son 2 t de azúcar para producir 1000 L de etanol, o 4 t de melaza para producir 1000 L de etanol. Dado que los precios internacionales del petróleo han tendido a la baja, la principal fuerza impulsora del uso del etanol como fuente de combustible sería una sólida política nacional que le apuntale. Si bien existe un gran mercado de exportación, el costo de envío del producto es alto y los compradores tienden a bloquear los contratos de compra solo a corto plazo (solo unos pocos años) ya que hay creciente competencia en el mercado. Este enfoque de contrato a corto plazo hace que sea difícil obtener financiación para nuevos proyectos (Bautista Herrera et al., 2021).

Respecto a la cogeneración de energía, la política nacional de México debería ser hacia el impulso de ingenios azucareros autosuficientes energéticamente y generar excedentes de energía verde para la red pública. Esta energía se puede generar a través de la operación de calderas convencionales que empleen biomasa para abastecer trenes de molinos de vapor y trituradoras, así como vapor a baja presión para evaporadores y vapor para impulsar turbo generadores que produzcan energía eléctrica. Los propios ingenios deberían producir energía para otras industrias y para la exportación (Parascanu et al., 2021). Tomando como estrategia la cogeneración de energía, los molinos deben estar diseñados para aprovechar el bagazo y residuos de cosecha en calderas. Por lo tanto, las calderas deben modernizarse a través de circuitos eléctricos y robotización. Sin embargo, los vaivenes actuales de la política energética en nuestro país crean un clima de incertidumbre para el desarrollo tecnológico y las inversiones en estos rubros (Cortez et al., 2020; Gopinath et al., 2018).

La disponibilidad de mayores volúmenes de bagazo se puede lograr a través de la selección de variedades de caña de azúcar que puedan producir más fibra (cañas energéticas), o fuentes complementarias como sorgo dulce (Sorghum bicolor) y agave (Agave spp.). Este tipo de variedades de caña de azúcar son de gran utilidad no solo en la cogeneración de energía, sino también en la producción de biomasa densificada, biocombustibles de segunda generación, gasificación para producir gas y proteína, así como y otros productos que emplean fibra como materia prima.

La biomasa densificada puede obtenerse a partir de bagazo, puntas y residuos de cosecha. Estos materiales deben tratarse para eliminar potasio y cloro, luego se densifica y se seca. Los productos pueden estar en forma de pellets, briquetas, o extrusiones, entre otros. El contenido de energía del producto final puede ser tan alto como el carbón, aunque su densidad es menor, por lo que ocupa un volumen mayor que una cantidad equivalente de carbón. Los usos finales incluyen reemplazo de carbón en la generación de electricidad, producción de clínker de cemento y componentes útiles en la industria siderúrgica. La absorción de la tecnología generada hasta ahora ha sido lenta, debido principalmente a los altos costos asociados a los procesos de tratamiento de las materias primas, peletización y deshidratación, entre otros costos asociados (Erlich et al., 2005).

Complementario a las plantaciones de caña de azúcar en el periodo de ausencia de cosecha y molienda se pueden considerar otros cultivos fibrosos como cáñamo industrial (Cannabis sativa) y kenaf (Hibiscus cannabinus). Las fibras que producen estos cultivos pueden ser empleadas en la elaboración de papel, tejidos y materiales para construcción, entre otros. Al utilizar los molinos ya instalados en los ingenios y operarlos fuera de zafra se contribuye a ahorrar recursos y a obtener ganancias extraordinarias a las contempladas por la cosecha de la caña de azúcar. Además de la fibra, estos cultivos pueden producir biomasa, y junto con otras especies podrían funcionar para programas de rotación de cultivos para optimizar el recurso suelo.

A partir de la biomasa se pueden obtener moléculas intermediarias como 1,4 diácidos (succínico, fumárico y málico), ácido dicarboxílico 2,5-furano, ácido 3 hidroxipropiónico, ácido aspártico, ácido glucárico, ácido glutámico, ácido itacónico, ácido levúlinico, 3-hidroxibutirolactona, glicerol, sorbitol y xilitol/arabinitol. Todas estas moléculas tienen una amplia aplicabilidad en diferentes industrias. Sin embargo, el reto que se enfrenta en este momento es el costo de oportunidad y manejo de las materias primas como el bagazo, dado que se le emplea como combustible en calderas. También se han hecho esfuerzos por producir etanol a partir de biomasa, y a partir de él sintetizar otros productos químicos. En estas iniciativas la mayor parte del esfuerzo se ha canalizado hacia el pre-tratamiento de la biomasa para extraer la celulosa de la lignina. Otras iniciativas recientes se han centrado en la producción de moléculas plataforma como 5-hidroximetilfurfural (5-HMF) y 5-clorometolfurfural (5-CMF), mismas que se pueden convertir fácilmente en otros productos químicos para su uso en la cadena de suministro de la industria química. El desarrollo de variedades de cañas con alta capacidad para producir fibra (cañas energéticas) podría ser un área de enfoque que permita mejorar las tecnologías de segunda generación (Silalertruksa y Gheewala, 2020; Santos et al., 2020).

Con apoyo de la biotecnología y las ciencias genómicas ha sido posible transformar genéticamente la caña de azúcar. La caña genéticamente modificada podría mejorar diversos atributos incluyendo el rendimiento, la resistencia a factores de estrés biótico y abiótico, y la calidad de los jugos, aunque gran parte de la investigación básica está en marcha (Sengar, 2018). En términos prácticos, las nuevas tecnologías han hecho posible la expresión de proteínas recombinantes en caña de azúcar, lo que ha permitido postularle como una eficiente biofábrica para la producción de biopolímeros y proteínas de importancia terapéutica (Gómez Merino et al., 2014). Un logro notable en esta área es la producción de un edulcorante alternativo llamada isomaltulosa en caña de azúcar transgénica, a través de la inserción del gen bacteriano sacarosa isomerasa, cuya enzima producida transforma la sacarosa en isomaltulosa (Wu y Birch, 2007). Como edulcorante, la isomaltulosa se digiere más lentamente que la sacarosa, lo cual es beneficioso para pacientes diabéticos, y disminuye el crecimiento de bacterias bucales que causan caries. Sin embargo, la caña transgénica ha sido motivo de mucha discusión, y una gran limitante es la renuencia de los consumidores y empresarios a aceptar estas tecnologías.

En términos energéticos, existe un creciente interés y un mercado para el metano renovable, también conocido como biometano (CH4). El biometano es un biogás que se crea mediante digestión anaeróbica, utilizando bagazo o residuos de cosecha en un sistema anaeróbico, mezclado con otras materias primas para optimizar la producción. El biogás se puede utilizar localmente para procesos industriales que involucran calderas, motores estacionarios y turbinas. La gasificación y la pirólisis se pueden utilizar para crear gas de síntesis (hidrógeno y monóxido de carbono) que luego se puede convertir en biometano, hidrógeno renovable u otros productos. El proceso de gasificación también se puede utilizar para producir hidrógeno renovable, que podría ser de valor para su uso en vehículos automotores. La captación de biogás dependerá de la economía de producción, incluido el hecho de tener consumidores cercanos a menos que haya suficiente margen para procesar y limpiar el biogás para hacer biometano y ponerlo en un gasoducto (Volpi et al., 2021).

Finalmente, un uso alternativo muy práctico y que ha sido objeto de numerosos estudios es en la alimentación animal. Bagazo y residuos de cosecha ofrecen una oportunidad regional debido a los bajos costos logísticos, aunque existen limitantes relacionados con su digestibilidad debido principalmente a su alto contenido de fibra. La melaza se ha utilizado ampliamente para enriquecer estos piensos. En México existe la posibilidad de cosechar las hojas y puntas de caña que se producen en el trópico, eliminando gradualmente la quema de cañaverales, para la producción de pacas de forraje que puedan alimentar la ganadería de las zonas templadas y semiáridas (Harrison, 2016).

CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS

La tendencia actual respecto a los hábitos de consumo de alimentos energéticos tanto en el mundo como en México requiere replantear los objetivos y metas de la cadena de valor de la caña de azúcar. En este trabajo se analizan algunas alternativas relacionadas con la agregación de valor y la diversificación que aplican tanto en campo como en fábrica para la agroindustria de la caña de azúcar, incluyendo la posibilidad de obtener nuevos edulcorantes a partir del propio jugo de la caña, la cogeneración de energía, el etanol combustible, la biomasa densificada, los productos químicos que pueden derivar tanto del azúcar como de la biomasa, el ron y otras bebidas espirituosas, la posibilidad de generar nuevas cañas energéticas, la obtención y utilización de la fibra, el empleo de las biotecnologías para la generación de caña genéticamente modificada, y el uso de la caña como pienso para consumo animal. México tiene un enorme reto que enfrentar ante estas enormes posibilidades que ofrece la agroindustria, y esos retos están relacionados tanto con la generación de tecnologías apropiadas a nuestro contexto socioeconómico, la participación de empresarios y productores de caña, como con la gestión de políticas públicas acordes para ello. Estas políticas deben estar encaminadas a recuperar suelos cañeros salinos y ácidos; generar e introducir variedades de acuerdo con la condición agroecológica local; implementar prácticas sostenibles de manejo, riego y uso tecnificado del agua; impulsar la agricultura de precisión y la cosecha en verde para lograr un uso integral, diversificado y tecnológico de la caña de azúcar más allá de la sacarosa.

AGRADECIMIENTO

Los autores agradecen a la Subdirección de Vinculación del Campus Córdoba y a la Dirección de Vinculación del Colegio de Postgraduados por los apoyos y facilidades brindadas para la gestión de acciones de vinculación en la cadena de valor de la caña de azúcar. También se agradece el apoyo de la Universidad Veracruzana a través de la Maestría en Manejo y Explotación de los Agrosistemas de la Caña de Azúcar.

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