Algunas de las Haciendas Azucareras del Estado de Morelos, 1a. Parte

Por: El Bable

Grande fue el impacto que tuve al visitar una hacienda azucarera, mucho había oído de ellas, casi todo asociado al movimiento encabezado por Emiliano Zapata; otros antecedentes los tenía del proyecto del IMSS del centro recreativo Oaxtepec, también de uno de los primeros fraccionamientos de lujo en México: Cocoyoc. Supe luego que uno de los más respetados historiadores de México era propietario de varios ingenios azucareros en el estado de Morelos, me refiero a García Icazbalceta y creo que, también Nachito, el yerno de Porfirio Díaz tenía dentro de sus muchas propiedades uno (quizá varios) de estos ingenios, es decir, haciendas azucareras. Ahora aprenderemos un poco más sobre uno de los giros más productivos que algunas haciendas mexicanas tuvieron, para ello nos apoyaremos en lo publicado por J. Figueroa Domenech.

Ocurrió en el apogeo del porfiriato que al presidente Díaz le gustaba que se publicara sobre México pues sabía que esa era una manera de publicitar en el mundo lo que México ofrecía y de esa manera atraer a nuevos inversionistas extranjeros; también Don Porfirio gustaba de la presencia de México en todas las Exposiciones Universales, Mundiales e Internacionales, fue el el pionero en la promoción de nuestro país a los ojos del mundo. Muchos fueron los contratados para desarrollar obras que hablaran de México, un Italiano, Alfonso Dollero lo hizo en su lengua materna y varios otros idiomas. El norteamericano John Reginald Southworth lo hizo en inglés y el español, de Barcelona, J. Figueroa Domenech lo hizo en español. Su obra tiene todos los matices necesarios para promover un producto, en este caso específico que hoy vemos, se trata de la producción de azúcar y aguardiente.

VII. Agricultura. — “Diremos una vez más que el cultivo de la caña de azúcar absorbe casi por completo la atención del agricultor en el Estado de Morelos, ya por el gran rendimiento que ofrece y ya por las muchas fábricas de azúcar establecidas, que garantizan al plantador la venta de sus cosechas. Sin embargo, merecen consignarse algunas otras producciones vegetales que se obtienen anualmente, y vamos á hacerlo ateniéndonos á datos que se refieren á la cosecha de 1897-98: Azúcar 17.345.000 kilos; Mieles 8.366.500 kilos; Aguardiente de caña 16.756 Hectolitros

De los datos anteriores se desprende que los distritos de Cuernavaca y Morelos son los de mayor producción agrícola del Estado y los que elaboran mucha mayor cantidad de azúcar que de mieles, Jo que acusa mayor número de fábricas, ó cuando menos, procedimientos modernos y maquinarias más completas. Y en efecto: las haciendas azucareras de los mencionados distritos son las más notables, no solamente del Estado, sino también de la República, como vamos á demostrarlo describiendo algunas de ellas.

En el distrito de Cuernavaca y á 200 metros de la estación San Vicente del ferrocarril México, Cuernavaca y Pacífico, se encuentra ubicada una de la más hermosas haciendas de azúcar del Estado de Morelos y de las que arrojan mayor producción de aquel dulce, anualmente. Pertenece á la Sra. Viuda de D. Delfín Sánchez que reside en México, calle Cadena, núm. 6.

Compónese la hacienda de tres fincas rústicas llamadas San Vicente, Chiconcuac y San Gaspar, unidas entre sí por una vía férrea sistema alemán Koppell de rieles de acero con 60 centímetros de espacio entre ellos, por la que se transporta la caña de azúcar al Ingenio. Esta vía es fija y tiene 12 kilómetros de extensión, pudiendo conectarse con ella otra vía portátil Decauville que posee el Ingenio, también de 12 kilómetros y que se cambia de un campo á otro según las necesidades del corte de la caña en la zafra. Además, un ramal del ferrocarril México, Cuernavaca y Pacifico, de 200 metros de largo, une la estación San Vicente con el patio de la fábrica. Como se ve, el sistema y medios de transporte son completos en esta valiosa propiedad, contándose con 75 plataformas de construcción alemana para el acarreo de los frutos y con un elegante coche para pasajeros, construido en Francia.

El Ingenio se halla edificado en la primera de las fincas ó sea en la llamada San Vicente, y comprende una serie de departamentos, algunos de estilo moderno, donde se instalaron las máquinas y aparatos para la fabricación del azúcar. Cuenta con un trapiche de ocho cilindros que muele y repasa la caña, extrayendo por completo su jugo y dejando tan seco el bagazo, que éste, después de sufrir una inyección de vapor, pasa directamente á los hornos donde se aprovecha como combustible, lo que representa una economía no pequeña. Este trapiche alcanza á moler 35.000 arrobas de caña cada 24 horas. Para el tratamiento de los caldos hasta la cristalización del azúcar tiene aparatos modernos, como son los del triple efecto, 3 tachos al vacío, 11 centrífugas, 11 filtros y una prensa para los mismos, con las evaporadoras y defecadoras correspondientes.

La fuerza motriz es el vapor, que generan 5 calderas de 100 caballos cada una y alimentan un motor de igual fuerza que mueve el. Toda esta maquinaria fue construida en los acreditados talleres franceses de la casa Cail, de París, y debido á su buena instalación, inteligente manejo y, sobre todo, á la superior calidad de la caña que se cosecha en los campos de la finca, se obtiene un azúcar de notable blancura y clase superior, muy apreciada en los mercados especialmente en el de la capital de la República; á la vez que se consigue un rendimiento poco visto en el país, ó sea el 8,75 por ciento.

Las tres fincas de que se compone la hacienda suman una gran extensión de terreno, al extremo de que aquel que se siembra un año puede dejarse descansar después tres consecutivos, sin que falten otros campos para sustituirlo. Dichos terrenos son muy fértiles y bien regados con agua propia que nace en ellos mismos, en el punto llamado Las Fuentes de San Gaspar, lugar sumamente pintoresco y donde se construyeron tres grandes depósitos sobre el propio manantial. Las siembras de caña que se hacen anualmente alcanzan á 4 000 tereas de 1.200 metros cada una, con cuyos productos se obtienen en el Ingenio 280.000 arrobas de azúcar y 108.000 de miel, que suele destilarse en la fábrica de aguardiente «La Carolina», propiedad del mismo, montada perfectamente con modernos alambiques.

Dista la hermosa hacienda San Vicente de la ciudad de México 138 kilómetros por el mencionado ferrocarril de Cuernavaca y Pacífico, y tan solo 19 por la misma línea de la capital del Estado de Morelos. Todos sus edificios, su gran patio, salones de maquinaria, etc., están iluminados con luz eléctrica, para la cual hay en el propio ingenio su correspondiente dínamo y motor.

Esta valiosa hacienda, ubicada en la municipalidad de Tlaquiltenango, distrito de Jojutla del Estado de Morelos, pertenece á la Testamentaría del Sr. Alejandro de la Arena, y se halla al frente de la misma, dirigiendo la negociación, el hijo de aquél, Ingeniero Sr. Mauricio de la Arena, persona inteligentísima en su profesión y amante del trabajo y del progreso, que dedica toda su actividad á convertir, como lo consigue, en una de las principales del Estado, la propiedad de Zacatepec, verificando continuamente obras de mejoras y transformando por completo aquellos viejos edificios del siglo XVI, en que se fundó la hacienda, en elegantes construcciones al estilo moderno.

   La finca está destinada al cultivo de la caña de azúcar, para beneficiar la cual posee muy buenas máquinas y aparatos. Cuenta con dos trapiches ó molinos, movidos el uno por agua y el otro por vapor, que trituran enormes cantidades de caña al día durante la zafra. La defecación de los caldos se verifica en un considerable número de pailas caldeadas por el vapor, sistema moderno, y la concentración y el cocimiento en esos curiosos y novísimos aparatos de triple efecto y tacho al vacío.

Aquellos de nuestros lectores que no conozcan el último de los mencionados, no pueden formarse idea de la acción del mismo: curioso es ver a través de los cristales de mira en el interior de un gran cilindro de hierro forrado en palisandro, del cual extrae el aire continuamente una poderosa bomba, retorcerse y bullir con los más desordenados movimientos el clarificado jugo de la caña. Parece aquel hervor producido por el fuego, y sin embargo no obedece á otra causa que á la presión atmosférica. Poco á poco el jugo se espesa, su color se oscurece, hasta que al fin se granula en cristales cuyo volumen y forma avisan al operario el momento en que la masa está en punto para soltarla de allí á las centrífugas que han de secarla y blanquearla con su vertiginosa rotación.

Fuente:

1.- Guía general descriptiva de la República Mexicana. Tomo II. J. Figueroa Domenech. Ramón de Araluce. Barcelona, 1890. pp. 373-381. (Disponible en la Biblioteca Digitalizada de la UANL, en la Biblioteca de Madrid y en Cervantes Virtual.)