• Necesario generar dietas saludables que satisfagan los requerimientos nutricionales de las personas al proporcionar alimentos inocuos y diversificados para mantener una vida activa y reducir el riesgo de enfermedades.
  • Científicos del CIMMYT, han trabajado en nuevas variedades de maíz y trigo con niveles adicionales de vitamina A y zinc para ayudar a abordar algunas de las deficiencias nutricionales que se encuentran en todo el mundo.

El gran desafío que hoy enfrentan los sistemas alimentarios en el mundo es lograr su transformación para contribuir a la disponibilidad de alimentos sanos, nutritivos y suficientes, en un contexto en el que más de 2 mil millones de personas no tienen acceso regular a alimentos seguros y otros millones tienen suficiente comida, pero comen mal, presentando como resultado desnutrición, obesidad, enfermedades cardíacas y diabetes.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), “la inseguridad alimentaria moderada o grave (sobre la base de la escala de experiencia de inseguridad alimentaria o FIES) a escala mundial ha crecido lentamente, desde el 22,6% en 2014 al 26,6% en 2019. Ya en 2020, año en que la pandemia de la COVID‐19 se propagó por todo el planeta, aumentó casi al mismo ritmo que en los cinco años anteriores combinados hasta situarse en el 30,4%. Así pues, casi una de cada tres personas de la población mundial careció de acceso a alimentos adecuados en 2020, lo que representa un incremento de 320 millones de personas en solo un año, con lo que se pasó de 2,050 millones a 2 370 millones de personas. Casi el 40% de esas personas (un 11,9% de la población mundial, o lo que es lo mismo, casi 928 millones de personas) sufrieron inseguridad alimentaria grave. En 2020, cerca de 148 millones de personas más que en 2019 sufrieron inseguridad alimentaria grave”.

Estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pronostica además que la población mundial alcance casi los 10 mil millones de personas para 2050, de ahí que los futuros sistemas alimentarios deban proporcionar dietas accesibles y saludables para todos, preserven los recursos naturales y la biodiversidad, y se enfrenten desafíos como el cambio climático.

En este escenario, la transformación de los sistemas implica necesariamente generar dietas saludables que satisfagan los requerimientos nutricionales de las personas al proporcionar alimentos inocuos y diversificados para mantener una vida activa y reducir el riesgo de enfermedades. Una dieta saludable contiene frutas, hortalizas, legumbres (como lentejas o frijoles), frutos secos y granos enteros (por ejemplo maíz, mijo, avena, trigo o arroz integral sin procesar) y es baja en grasas (en especial grasas saturadas), azúcares libres y sal.

Diversos actores de los sistemas alimentarios realizan esfuerzos conjuntos que contribuyen a esta transformación. A traves de la ciencia, el conocimiento, la información, la política pública, la implementación de prácticas sustentables, y un sinfín de acciones propuestas en el sector público, privado, académico y social, se aporta para lograr este gran desafío que garantice la tan anhelada seguridad alimentaria.

Científicos del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) han trabajado en nuevas variedades de maíz y trigo con niveles adicionales de vitamina A y zinc para ayudar a abordar algunas de las deficiencias nutricionales que se encuentran en todo el mundo. Están mejorando también la forma en que se producen, procesan y almacenan los cereales para aumentar la productividad y mejorar la seguridad alimentaria mientras se mantienen los beneficios nutricionales.

En esta línea, pequeños agricultores utilizan prácticas agrícolas que mejoran su nutrición y benefican el medio ambiente. Un ejemplo claro es el sistema agrícola de la milpa, que combina maíz, frijol, calabaza, chile y tomate para proporcionar una dieta diversa basada en plantas. El sistema de la milpa, combinado con la retención de residuos de cultivos y otras técnicas de la Agricultura de Conservación pueden además mejorar la fertilidad del suelo. También se utiliza la técnica tradicional de nixtamalización para preparar el grano de maíz para cocinar, lo que mejora su valor nutricional.

Se ha abonado además en la producción de variedades mejoradas de cultivos que no solo sean de alto rendimiento sino también tolerantes a la sequía y al calor, resistentes a enfermedades y plagas de insectos, y que puedan contribuir a minimizar los riesgos de la agricultura.

Desde la ciencia, el CIMMYT ha definido acciones específicas para lograr dietas saludables que mejoren la nutrición humana, documentando la importante contribución del trigo y el maíz en este esfuerzo que fomenta sin duda una mejor calidad nutricional y que aporte a la transformación de los sistemas agroalimentarios en México y en el resto del mundo.

Referencias

CIMMYT (2020). A contracorriente: Investigadores revelan beneficios para la salud del maíz y el rigo que han pasado por alto.https://www.cimmyt.org/es/noticias/a-contracorriente-investigadores-revelan-beneficios-para-la-salud-del-maiz-y-el-trigo-que-se-han-pasado-por-alto/

CIMMYT (2021). Maize and wheat sience to sustainably feed the world.https://repository.cimmyt.org/bitstream/handle/10883/21574/63972.pdf?sequence=1&isAllowed=y

FAO (2021). El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo. Transformación de los sistemas alimentarios en aras de la seguridad alimentaria, una nutrición mejorada y dietas asequibles y saludables para todos.https://www.fao.org/3/cb4474es/cb4474es.pdf

O’Leary, M. (2019). La receta para mejores sistemas alimentarios. CIMMYT.

FAO (2018). El desafío de la nutrición. Soluciones desde los sistemas alimentarios.

https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/277441/WHO-NMH-NHD-18.10-spa.pdf?ua=1