Para lograr que los suelos estén sanos, es importante asegurar que el sistema con que se manejan no los degrade. La Agricultura de Conservación es un camino efectivo para mejorarlos y garantizar la producción de alimentos para las nuevas generaciones.

El suelo, importante recurso natural finito y no renovable, es la base del desarrollo agrícola y la seguridad alimentaria, por ello es importante protegerlo y mantenerlo sano.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) el 95% de los alimentos están directa o indirectamente producidos en los suelos, sin embargo, se estima también que el 33% de ellos a nivel mundial están de moderada a altamente degradados por diversos factores como la erosión, salinización, compactación, acidificación, contaminación química y el agotamiento de los nutrientes.

La erosión del suelo significa en términos generales la eliminación de la capa superior del suelo de la superficie de la tierra por agua, viento o labranza y está vinculada con la desertificación y el cambio climático. La erosión, implica que los minerales y los nutrientes del suelo se depositen en otros lugares, degradando a menudo los ecosistemas tradicionales (FAO, 2019).

En México, el escenario no es alentador, de las 200 millones de hectáreas ocupadas, más de 142 millones  aproximadamente el 62%-, se encuentran en proceso de degradación física, química y biológica, lo que puede traducirse como la pérdida de cubierta vegetal, erosión hídrica provocada por las lluvias, erosión eólica generada por el viento, degradación de los suelos por el uso desmedido e irracional del agua con muchas sales, disminución del contenido de materia orgánica y la contaminación de los suelos entre otros (Sánchez, P. 2021).

Un suelo degradado provoca, la disminución progresiva de los rendimientos de los cultivos, aumento en los costos de producción, abandono de las tierras, e incremento de la desertificación. Sumado a este escenario, el crecimiento demográfico genera un incremento en la demanda global de alimentos a un ritmo del 1% por año, de ahí la urgencia de evitar y reducir este problema. Restaurar la degradación del suelo es una prioridad. Si perdemos el suelo, perdemos la capacidad de generar alimentos para las futuras generaciones.

Para lograr que los suelos estén sanos, es importante asegurar que el sistema con que se manejan no los degrade (como ocurre con muchos sistemas convencionales). Hay varias maneras de lograr un suelo sano, pero lo más importante es asegurar que el suelo tenga un alto contenido de materia orgánica pues así tendrá una buena estructura, buena infiltración, buena aireación, capacidad de almacenar agua, tendrá biodiversidad y tendrá un alto contenido de nutrientes.

La materia orgánica se puede incrementar al añadir abonos orgánicos o al tener grandes cantidades de raíces vivas en el suelo; sin embargo, es muy fácil perderla por erosión, labranza excesiva, mala fertilización y otras prácticas agronómicas inadecuadas.

¿Cómo pueden entonces los agricultores mejorar la salud de sus suelos?, ¿qué prácticas pueden funcionar mejor en sus propias condiciones?

Para compartir con los agricultores las mejores prácticas, el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) ha instalado, en colaboración con muchas instituciones, organizaciones de productores, colaboraciones locales y productores de diversas escalas a lo largo del país, plataformas de investigación y módulos de innovación para comprobar prácticas agrícolas sustentables y generar los datos sobre su competitividad y sustentabilidad en comparación con los sistemas convencionales.

Gracias a esta experiencia de trabajar de forma conjunta con técnicos y productores de diversas zonas se ha comprobado que la Agricultura de Conservación es un camino efectivo para generar suelos sanos.

La Agricultura de Conservación tiene tres componentes básicos:

1. Reducir la labranza al mínimo para evitar erosión, compactación, pérdida de materia orgánica y costos excesivos por el laboreo;
2. Mantener la cobertura del suelo para protegerlo del viento, lluvia, sol, y para impedir evaporación y germinación de malezas y,
3.Diversificar los cultivos para aumentar la biodiversidad y reducir la incidencia de malezas, plagas y enfermedades.

Estos compontes bastante amplios se tienen que adaptar a las necesidades de los productores y las realidades de los agroecosistemas. No son una receta, más bien una guía para el diseño de un sistema productivo sustentable. En otras palabras, la Agricultura de Conservación no es un remedio mágico, ni es la única solución para mejorar la salud del suelo, pero si es una alternativa comprobada para avanzar en esa vía. De hecho, se le pueden sumar otras prácticas (como el Manejo Agroecológico de Plagas, la fertilización integral, el diseño del riego, etcétera) para generar un sistema más integral y adecuado a cada necesidad.

REFERENCIAS

FAO (2019). Detengamos la erosión del suelo para garantizar la seguridad alimentaria del futuro.

http://www.fao.org/fao-stories/article/es/c/1193735/

Sánchez, P. Urgente revertir la degradación del suelo para la producción de alimentos sanos.

Revista EnlAce, edición 48 (2021).

https://repository.cimmyt.org/handle/10883/21548

Fonteyne, S. (2021) Un suelo sano, el mejor aliado del productor.

https://idp.cimmyt.org/un-suelo-sano-el-mejor-aliado-del-productor/