Por: Luis Alberto Montero García

Centro INAH Veracruz

Historias y paisajes regionales del azúcar en México constituye, sin duda alguna, una valiosa aportación al conocimiento historiográfico de la historia del azúcar en México, pero su trascendencia radica que se concibe desde la mirada de la historia regional. De ahí que lleva en su título ambos conceptos que son indisociables, Historia y azúcar. De esta forma el libro con sus trece enriquecedores artículos se ha convertido en una fuente imprescindible para continuar armando el rompecabezas de la historia del azúcar en los estados de Veracruz, Puebla, Michoacán, Morelos y Jalisco. Es decir, hasta ahora no existe una solo obra historiográfica que se avoque al estudio del azúcar en cada uno de los 15 estados productores de la gramínea. En este sentido, el gremio de los historiadores —y por supuesto otros estudiosos de las ciencias sociales— tienen una asignatura pendiente por delante. De ahí la relevancia de esta obra que podrá ser utilizada como fuente de primera mano en futuras investigaciones.

Los trece trabajos incluidos por los coordinadores, María Teresa Ventura y Sergio Rosas, tienen un propósito de convergencia que por medio de su lectura podremos apreciar en cuatro líneas analíticas: hacienda azucarera, conflictos, agua e innovación tecnológica. Por lo tanto, la línea del tiempo que alcanza los textos es vasta y compleja que abarca casi cinco siglos de historia azucarera porque comprende desde la instalación del primer ingenio azucarero en la Nueva España, en la región de Los Tuxtlas, hasta el año 2013, fecha en que hicieron su última zafra los ingenios veracruzanos San Francisco y San Gabriel. Así que el lector que ojeara el índice a vuelo de pájaro estaría en un error si pensara que la periodización del libro inicia a partir del siglo XVIII. 

No es así porque varios artículos se remontan y asoman al siglo de la conquista, para recordarnos la época de los orígenes y evolución de varias regiones cañeras. Sin duda, los coordinadores se vieron en serios aprietos para darle orden y sentido a los textos para integrar de manera uniforme el cuerpo del libro y brindarnos una mejor apreciación de su lectura. A pesar de ello, el resultado fue bastante satisfactorio.

Por otro lado, la industria azucarera siempre ha requerido de la intervención de mano de obra tanto para elaborar el endulzante como para su organización y comercialización. Por lo tanto, los actores sociales del azúcar también están presente a lo largo de las 421 páginas que integran el libro: esclavos, indígenas, peones acasillados, arrendatarios, agraristas, obreros, cañeros, guardias blancas, empresarios, cooperativistas y, por supuesto, el Estado (en sus dos modalidades benefactor o represor).

Además, entre los trece textos sobresalen siete dedicados a las regiones cañeras de Veracruz, destacando Los Tuxtlas, Papaloapan, Coatepec, Martínez de la Torre y Córdoba. De esta manera son estudiadas las haciendas e ingenios azucare-ros de Nuestra Señora de los Remedios (Pacho), San Pedro Buenavista (La Orduña), ingenio de Cortés, Montepío, Sihuapan, La Constancia, El Lencero, El Modelo, San Cristóbal, Zapoapita, El Mirador, El Potrero, San Gabriel, Santa Fe, Tuzama-pan, La Concepción, Independencia, Paraíso Novillero y San Francisco. Asimismo, otros tres textos se concentran en la región de Izúcar de Matamoros en el estado de Puebla, destacando las haciendas de Raboso, San Nicolás Tolentino y Atencingo. Finalmente, hay un trío de artículos dedicados a las regiones cañeras de Michoacán, Morelos y Jalisco.

De los textos dedicados a las regiones cañeras veracruzanas cuatro de ellos convergen en el Papaloapan veracruzano. El primero, de la autoría de Luis A. Montero García, aborda el análisis historiográfico y metodológico de los estudios históricos de los ingenios azucareros que aparecieron en la década de los ochenta y noventa del siglo pasado, derivados de tesis de licenciatura como Santa Fe, San Cristóbal y San Gabriel; un segundo texto se enfoca a la migración, entre 1910 y 1930, de contingentes de cortadores de caña de la mixteca oaxaqueña (principalmente del municipio de Santiago Chazumba) a las zonas de abastecimiento de los ingenios Santa Fe, San Francisco Naranjal, San Miguel, Cuatotolapan, El Modelo y Paraíso Novillero, artículo bien documentado escrito por Ricardo Ceballos Soto. Un tercer apartado estudia las afectaciones agrarias, a partir de la década de 1930 del siglo pasado, de las propiedades territoriales de los ingenios asentados en el extenso municipio de Cosamaloapan como Paraíso Novillero y San Cristóbal, redactado por José Velasco Toro y Lucía Santos García. Por último, el ingenio San Cristóbal nuevamente se convierte en materia de estudio en el trabajo de Ángeles González Hernández, dedicado a la organización de los sindicatos de obreros independientes en su lucha por emanciparse del dominio de Sindicato Nacional de la Industria Azucarera y Similares de la República Mexicana, adherido a la CTM y al PRI. El sindicato independiente de la sección 31 del ingenio San Cristóbal logró la titularidad del Contrato Ley en 2002 y lo mantiene hasta la fecha, a pesar de las divisiones internas y la salida de su líder Clemente Pacheco.

En el caso de la vetusta región azucarera de Coatepec, Luis J. García Ruiz aborda las haciendas azucareras de Pacho y La Orduña a partir de la “reciprocidad asimétrica” que mantuvieron éstas con las repúblicas de indios en el siglo XVIII, debido a los constantes conflictos por la escasez de tierras y mano de obra. En este sentido, el ingenio La Concepción, ubicado muy cerca de Xalapa, interesó a Virginia Thiébaut y a Luis A. Montero porque dejó de moler caña en 2010, al igual que las factorías Independencia, San Gabriel y San Francisco. Por tal motivo los autores se avocaron a realizar entrevistas entre cañeros, transportistas, obreros y empleados de confianza para comprender las causas del cierre y las estrategias laborales seguidas por estos actores ante la falta de su histórica fuente de trabajo de más de cuatro siglos de actividad cañera.

Mención aparte merece el artículo escrito por Rogelio Jiménez Marce, quien estudia meticulosamente los orígenes y desarrollo de la caña de azúcar en la región veracruzana de Los Tuxtlas, donde el autor se cuestiona qué sucedió con la siembra y procesamiento de la gramínea después del incendio que sufrió el ingenio de Cortés a finales del siglo XVI. Con fuentes de primera mano y polemizando con algunos autores sostiene que la industria azucarera no alcanzó un despegue industrial importante en Los Tuxtlas durante el siglo XIX, por la aparición de la cercana zona productora de Cosamaloapan con sus numerosos ingenios modernos (empleaban el vapor y la electricidad como fuerza motriz) y porque el algodón y el tabaco se convirtieron en los principales motores económicos de la región.  

Por otro lado, dada que la obra alude a cinco estados de la República que cuentan con ingenios azucareros, no sé si los coordinadores se vieron tentados a circunscribir o encasillar los artículos en tres apartados: Veracruz, Puebla y Pacífico, pero seguramente la amplia temporalidad no les favorecía mucho para hacer dicha división. Por lo tanto, resulta necesario subrayar que más que un solo libro, estimado lector interesado en los temas azucareros, tendrás en tus manos dos ejemplares por el precio de uno, debido a la gran variedad de temas y regiones cañeras ahí mencionadas. Sin duda, el resultado de toda esta ardua labor editorial es palpable y satisfactoria con la aportación histórica de quince investigadores de varias instituciones de educación superior.

En suma, el libro Historias y paisajes regionales del azúcar en México es un parte aguas en la historiografía poblana porque hacía un par de décadas que no se publicaba una compilación de esa naturaleza que incluyera la región cañera de Izúcar de Matamoros y su afamado epicentro: el ingenio Atencingo. No olvidemos que Gente de azúcar y agua. Modernidad posrevolucionaria en el suroeste de Puebla de Francisco Javier Gómez Carpinteiro se publicó en 2003. Asimismo, el también voluminoso libro Ensayos sobre el problema cañero de Luisa Paré que tiene más de cuatro décadas de su aparición (1979).

Por lo tanto, considero que el libro Historias y paisajes regionales del azúcar en México forma parte de esta nueva oleada de publicaciones dedicadas al tema azucarero, derivadas de eventos académicos organizados exprofeso y del renovado interés de historiadores y científicos sociales por el estudio del azúcar en México, principalmente desde la mirada regional. De esta manera surgió y se publicó en 2014 el número temático 23 de Ulúa. Revista de Historia, Sociedad y Cultura intitula-do “Cañaverales, trapiches e ingenios en México. Dinámicas históricas y procesos actuales”. Al año siguiente apareció el libro Veracruz, tierra de cañaverales. Grupos sociales, conflictos y dinámica de expansión, publicado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (reimpreso en 2018). En 2017 se editó el número temático “Los actores del azúcar: cortadores, cañeros, obreros y grupos empresariales, siglos XX y XXI” en Ulúa. Revista de Historia, Sociedad y Cultura, núm. 29. Por último, en este año 2020, el Instituto Nacional de Antropología e Historia publicará el libro Campo cañero e industria azucarera del siglo XIX al siglo XXI. Historia y territorios”. Estas cuatro novedosas obras fueron coordinadas por Luis Alberto Montero García y Virginie Thiébaut, siendo que las dos primeras se pueden consultar en línea en la página de la publicación periódica y los dos restantes se podrán adquirir en librerías del INAH y en plataformas digitales.

Otra publicación interesante, aunque no dedicada exclusivamente a la industria azucarera poblana, pero dentro del género de la biografía es la obra de Andrew Paxman sobre el norteamericano William Jenkins intitulada En busca del señor Jenkins. Dinero, poder y gringofobia en México, publicada en 2016. El historiador inglés descobija al personaje que influyó de manera decisiva en la historia moderna de Puebla y de México evidentemente, en cuyas manos estuvo el ingenio de Atencingo, uno de los más estudiados dentro de la historiografía poblana. A partir de sus inversiones empresariales en la industria textil, la azucarera y la cinematográfica Jenkins logró prosperar y crear una gran fortuna que lo llevó a patrocinar el ascenso político de los Ávila Camacho.       

Precisamente, el libro Historias y paisajes regionales del azúcar en México se suma a la pequeña —pero significativa— oleada de publicaciones recientes sobre la cuestión azucarera.